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martes, 17 de abril de 2018

ALEX DE LA IGLESIA EN LA JAULA DE GATOS.




Fecha: 22 de Marzo de 2018
Lugar: LA POSADA DE LA VILLA
          Cava Baja, 9
          M A D R I D          

 

Asistentes: Alex de la Iglesia (invitado), Laura Riñon, Jacinto Santos, Gerardo Viada, Cristina Carrillo, José Ignacio Rodrigo, Juan Chaves, Carmen Posadas, Virginia Valdemoro, Beatriz Sanz, Alberto Sánchez Horneros, Antonio de la Riva, Santiago Pedraz, Fernando Andreu, Carlos Jardón, Javier Gómez Bermúdez, Jaime Porras, Ana García, Juan Fontán, Javier Ruiz de Asín, Santos Eraso, Enrique Chico, Silvia Hernández, Tamara Muñoz Calero,Julio Sanz, Beatriz Ubierna, María Carrillo, Emilio Fernández, Miguel Muñoz Calero y Luís Yáñez.

Rompió en mil pedazos el protocolo de este Foro, un protocolo que durante ocho años seguía una pauta de funcionamiento más o menos ordenada. Inició la apertura de la tertulia, con una dialéctica muy rica y expresiva, sin atenerse a ningún tipo de guión.  

Está demostrado que lo novedoso siempre resulta mucho más atractivo que lo tradicional, que lo de siempre. Necesariamente tenía que salir bien. Era lógico. Ni maestro de ceremonias, ni leches. Todo resultó perfecto. 
Os lo puedo asegurar. Este  transgresor donde los haya. Rebelde. Cínico. Desobediente. Rotundo. Vehemente. Insumiso. Aparentemente distante, pero cercano en la distancia corta. Meridianamente claro en sus exposiciones en las que puntualiza hasta el más mínimo detalle.

Sin pelos en la lengua para cantar, cuando es necesario,  las “verdades del barquero” a todo aquel impertinente que se ponga por delante. Dispuesto a romper barreras y cualquier norma o regla que raye con la injusticia. Ilustrado. Lógico. Erudito. Sabio. Valiente.
Con una vasta y amplia cultura que le permite abordar con solvencia y criterio cualquier tema que se suscite. Su arrolladora personalidad, crea en su entorno como una atención religiosa, que envuelve a todos los que le rodean en una especie de catarsis místico-absorbente. 


En síntesis, bajo mi punto de vista, este es Alex de la Iglesia Mendoza, una fuente inagotable de genialidad y talento, que llama la atención por esa energía desbordante que destila, y con la cual  es capaz de polarizar la atención del más exigente de los auditorios, con la misma fascinación que un espectador contempla cualquiera de sus películas.
Nacido en Bilbao el 4 de Diciembre de 1965. Casado. Con tres hijas. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Deusto. Productor y guionista. También historietista, que fue la primera de su  actividad creadora. Desde muy joven ya apuntaba lo que quería ser, y vaya si lo ha conseguido.
Sin duda alguna uno de los directores de cine más reconocido en nuestro país. Su fama y prestigio bien merecidos, trascienden fuera de nuestras fronteras, donde ha sido premiado y galardonado en muchas ocasiones, por un sector  crítico y a la vez muy serio y profesional como es el del cine, que solo reconoce a los mejores.  

Sus películas, y eso está aceptado por todos,  dejarán en el  recuerdo y en la historia del cine una huella imborrable que jamás olvidaremos. “Acción mutante”, “El día de la bestia” por la que le dieron el premio Goya en 1995, al mejor director, “Los crímenes de Oxford”, “El Bar”,  “Balada triste de trompeta”, que obtuvo el León de Plata en la Mostra de Venecia en 2010,  “Perlita Durango”, “La chispa de la vida”, “Las brujas de Zugarramundi”, “La Comunidad” y su última película, “Perfectos desconocidos”,  que lo ha revolucionado todo, y donde una vez más a puesto de manifiesto su enorme talento como director; y  una larga lista  de películas a cual mejor, son el resultado de una trayectoria única y extraordinaria.
A Alex de la Iglesia, el cine español le debe muchas cosas, entre ellas sus  hallazgos para un sector donde no es nada fácil presentar algo novedoso. Creo que es de justicia destacar el descubrimiento de Santiago Segura, cuya carrera en el mundo del cine habla por sí sola. Hay que reconocer lo acertado que estuvo a la hora de seleccionarlo. 
Volver a rescatar de nuevo a Terele Pávez, que algunos la tenían olvidada y que él la volvió a rescatar y relanzar de nuevo en películas como “La Comunidad”, “El Bar” y “Las Brujas de Zugarramundi”, por la que le dieron el Goya 2014, y donde dejó huella de su capacidad y calidad interpretativa. Jamás tuvo reparo en dirigir a actores noveles o consagrados; todo lo contrario,  a los primeros  supo descubrirles sus mejores cualidades y potenciárselas al máximo, a los segundos extraer de ellos su más pura esencia artística con la que de su mano consiguieron  actuaciones memorables.

De Terele Pávez, nos dejó su opinión que se ajusta perfectamente al perfil de cómo era realmente. Pocos la conocieron como él, de ahí que su criterio esté más que fundamentado que cualquier otro. 

Y esto dijo de ella. Como persona y como ser humano reivindicaba permanentemente el derecho a perder el control cuando ella quisiera. Es cierto que tuvo una vida muy dura, y con toda seguridad, la vivió con más intensidad que la mayoría de la gente. 

Mujer de una gran sensibilidad, pero al mismo tiempo de posturas muy extremistas, o las cosas le importaban mucho o prácticamente nada, no tenía un término medio. Era una auténtica montaña rusa de sentimientos. Muy fuerte de carácter, pero sin perder la sensatez.

Cuando deseaba hacer algo que se ajustara a lo que ella consideraba sus normas, lo hacía convencida y a conciencia, sin importarle la opinión de los demás. Al mismo tiempo era una mujer sensata, lúcida y brillante a la hora de tratar a la gente. Capaz de expresar sus sensaciones de una manera rápida y sencilla. En definitiva fue una gran actriz y sobre todo una gran mujer. Jamás la olvidará.
Desde hace tiempo le da la sensación que tiene que controlar las palabras, que no puede decir lo que quiera en cualquier momento, ni en ningún contexto de su vida. Sabe que todo va ser registrado, twiteado, colgado en facebook o compartido en instagram o en cualquier otra red social. Reconoce que en parte es por su propia culpa, por haber dado pie a que todo esto ocurra.

Considera que ya no hay acontecimientos privados, todo es público, porque toda la sociedad tiene la culpa insana, absurda e incluso vanidosa, de compartir nuestra vida con todo el mundo. Ya no es que uno sea lo suficientemente extrovertido, como para dar a conocer sus ideas políticas, sus actitudes ideológicas o cualquier otro sentimiento, cree que ese no es el problema, el problema estriba en que el que está a tu lado, que te conoce aunque sea de una forma superficial, carece de rubor alguno y lo cuenta, lo divulga y o cuelga en las redes sociales sin el más mínimo reparo y con toda profusión de datos, fotografías y cualquier refuerzo que precise si le hiciese falta, y además lo corrobora y lo certifica, de tal forma que es imposible rebatirlo, y lo que es peor a nadie le interesa que se haga.
Todo es cierto en el momento que alguien lo dice, o por lo menos se acepta que lo sea, porque nadie se presta a un debate, y lo que es peor nadie da opción alguna para rectificar o aclarar una versión infundada. Las cosas existen en el momento que son pensadas o dichas, sean ciertas o no, tanto en el mundo personal  como en el laboral, a nadie le importa que un infundio pueda condicionar y a veces cercenar la creatividad de un artista. Ahora no hay que pensar las cosas, ni evaluarlas, ni compararlas con otros pensamientos, uno decide si cree que es lo más idóneo y si es el momento y el lugar más conveniente para divulgarlas, sin importar para nada las consecuencias que de ello se deriven.
La conclusión es que  nadie puede decir libremente lo que piensa. Ya no hay una censura como la que había antes en plena dictadura, pero uno sabía a lo que es arriesgaba. Se conocían  perfectamente las reglas del juego, así como sus consecuencias, y el riesgo de ir a la cárcel, por decir algo que estaba prohibido, con o sin razón pero estaba ahí, y lo asumías como una aventura y con todas las consecuencias, pero sobre todo uno era libre y decidía en cualquier  momento lo que quería decir o hacer. El problema es cuando la censura está en la mente de uno mismo, que te va diciendo constantemente lo que puedes o no puedes hacer, y eso condiciona y robotiza al individuo. 
El discurso de la sociedad ha cambiado, al no haber una reflexión ideológica coherente. Lo que realmente  hay es un alegato de la moral, y eso si que es preocupante, ya que es algo que va dirigido directamente  a la persona, con el único objetivo de fijarle los límites del bien y del mal, que alguien previamente ha establecido y eso es engañoso y falaz, puesto que la persona lo que realmente tiene que saber es lo que es verdad y lo que es mentira, sin tergiversar ni manipular las cosas. Se quiere sustituir la verdad por el bien y lo falso por el mal, y eso es un gravísimo error. 

Da la impresión que nadie tiene las ideas claras. La izquierda ha dilapidado la herencia de su mensaje histórico. Se ha deteriorado al no haber sido lo suficientemente clara  para establecer unos argumentos de fácil aplicación, con una base progresista, que se ajusten a la realidad actual e ilusionen a la ciudadanía. Sus errores la han llevado a una difícil situación de la cual le costará mucho tiempo salir de ella. Lamentablemente, hoy lo único que funciona es el capitalismo, con sus distintas formas de adaptación y acomodo, según el momento y el lugar que más les convenga aplicarlas. Han sabido vender unos valores con los que han convencido a un amplio porcentaje de la gente, como prueba el hecho de sus éxitos en las últimas elecciones en los países occidentales. 
Tiempo atrás lo políticamente correcto o incorrecto lo dictaban aquellos que tenían un comportamiento ideológico  determinado. La clave estribaba en qué era mejor, el bienestar del individuo o el de la sociedad, que eso es lo que genera las izquierdas y las derechas, aunque sea de una forma abstracta. Podría decirse de una forma muy elemental, si a uno le preocupa solamente lo que pasa en su casa, es de derechas, sin embargo si su preocupación es lo que le pasa a la sociedad en conjunto, es de izquierdas. Al no generar ningún tipo de pensamiento razonable y con un contenido convincente, hay que buscar otro y este tristemente no se encuentra más que en el terreno moral.
Hoy que la sociedad está tan sensibilizada y sobre todo implicada, en la persecución  del acoso laboral y  sexual a mujeres, casi siempre aprovechando situaciones  ventajosas  por parte del acosador,  lamentablemente el mundo del cine tampoco se libra de esta lacra. Hay dos personajes famosos, entre otros, que últimamente han sido denunciados por esta deleznable conducta, y pese a su fama, la justicia con toda seguridad,  será implacable con ellos. Estos son Harvey Weinstein y Kevin Spacey. El primero productor americano que ha generado grandes películas: “Shakespeare in Love”, “Gangs of New York”, “Pulp Fiction”, “El paciente inglés”, “Chicago”, etc. El segundo, Kevin Spacey, norteamericano, polifacético actor,  considerado como uno de los mejores exponentes del cine actual. Su actuación en películas como: “American Beauty” por la que obtuvo el Oscar el año 2000,  “House of Cards”, Globo de Oro 2015, “L.A. Confidential”, “The Shipping News”, etc., hablan de su gran categoría interpretativa.  Lamentablemente no sabemos diferenciar el valor de la obra, con el de la persona. Los confundimos. Personalmente pueden ser unos miserables, pero eso no debe variar nuestro juicio sobre su obra.
Alex de la Iglesia sabe hacer una película que le puede gustar a una gran mayoría de gente, pero puede que esa no sea el tipo de película que le guste dirigir a él. ¿Cuál es el dilema?. ¿Hacer películas que le guste dirigir, o por el contario, hacer lo que le guste al público? Esa es la cuestión. Muchos piensan que a los directores les gustan siempre las películas que hacen, y no es así, en muchas ocasiones, se ven en la necesidad de hacer lo que el productor quiere que para eso es el inversor y el que arriesga su dinero. Lo que de verdad les gusta a los directores, es dirigir. Evidentemente le agrada que sus películas sean un éxito, puesto que le facilita la posibilidad de seguir haciendo lo que le gusta, y de paso seguir viviendo de su profesión. Lo que realmente le entusiasma,  es dirigir aquellas películas  que sean lo más alejadas posible de la realidad, puesto que ellas le suponen mucho más esfuerzo por su parte, para conseguir que todo parezca verosímil. Rodar es mentir, y eso es lo que realmente le gusta. Crear un entorno ficticio que parezca verdadero. Personalmente le gusta mucho el cine clásico, aunque sólo como espectador.

Eso de que los directores imponen su criterio a  la hora de rodar una película no es cierto. Los productores y las cadenas de televisión son los que deciden que es lo que se tiene que grabar, en función del guión que se les presenta. Hoy su caso es diferente, puesto que él produce sus propias películas. Pero no hace mucho tiempo, presentó dos guiones a una cadena y no se los aceptaron. Lo que pone de manifiesto que en la industria del cine español, se está muy atado a las decisiones de las cadenas de televisión, porque son ellas las que tienen la capacidad y los medios  suficientes para lanzar y promocionar una película. Casi se podría asegurar, que en el momento actual, la escala de posibilidades de éxito de una película depende de qué cadena decida promocionarla.  A día de hoy Telecinco es la que más garantías ofrece, después Antena 3 y a continuación Televisión Española y un poco más distante las televisiones autonómicas.

Respecto a las críticas, las lleva fatal. Esa frase hecha, de que hay que estar por encima de ellas, suena muy bien, pero la verdad es que nadie se siente satisfecho de una censura de la índole que sea. las críticas constructivas son una falacia. Otra cosa es que se acepten porque no quede otro remedio, pero de ahí  a decir que la crítica es constructiva, va un abismo. No cree que exista nadie  que le satisfaga,  después de haber hecho un trabajo, en su caso una película, donde se ha puesto toda la ilusión y todo el esfuerzo, que después venga alguien y que diga que todo lo que has hecho es un bodrio. Pues digan lo que digan, eso no le puede gustar a nadie, y el que afirme lo contrario miente. Otra cosa es dar una imagen ante los medios de comunicación y de cara  a la galería, ahí no queda otro remedio que decir lo políticamente correcto, para que a uno no le vilipendien y le tachen con los peores calificativos. 

Nos dejó varias reflexiones sobre los distintos temas que se trataron, estas son algunas de ellas:

“La filosofía es el disfrute total,  pensar lo que uno quiera y como quiera, desde cualquier punto de vista y sin ningún tipo de límites”.
“Filosofía es sinónimo de diversión, y diversión es sabiduría, conceptos que no están unidos, pero no hay nada más interesante, profundo e importante en la vida que divertirse. Lo único que es más importante que la diversión, es evitar el dolor, y este en parte se evita con la diversión”.
“La persona que ejerce el poder es el que dictamina y establece los cauces para divertirse, que no tiene nada que ver con la auténtica diversión”.
“El oficio más importante, influyente y de más trascendencia en la vida es el de humorista, infinitamente más que el de político, el problema  es cuando un político quiere convertirse  en humorista”.

“se puede concluir que el humor es lo  más divertido, aunque el humor en muchas ocasiones no tenga ninguna gracia. El ejercicio del humor es doloroso”.  
“El matriarcado, antropológicamente hablando, es anterior al patriarcado, y está demostrado que que genera más felicidad, está más conectado con la realidad. Actualmente se habla mucho de matriarcado y el patriarcado, intentando oponer uno al otro. La solución la encontraríamos en el Fratriarcado, el gobierno del hermano, del que nadie habla”.
“El pensamiento abstracto se genera cuando el hombre abandona el mito para aceptar el logos. El hombre racional está más atado al pasado y al futuro, mientras que la mujer se encuentra unida al presente. Esto la capacita para dirigir la sociedad, el hombre se pierde en nostalgias y previsiones de futuro” .
“La mujer descubre la agricultura, y con ella se genera la sociedad. Mientras, el hombre andaba cazando, fuera de casa ”.
“En el cine hay historias pequeñas que por su carga emocional lo ejemplifican todo, y por ello son consideradas grandes películas”.
“En muchas ocasiones se valora una película únicamente por un plano, que resulta impactante por el mensaje que transmite”.

“Un director de cine es bueno si sabe comunicar lo que tiene en su mente, sin embargo los hay que, teniendo ideas increíbles, son incapaces de contarlas”. 
“La película con la que más he disfrutado mi trabajo fue “Balada triste de trompeta”, precisamente por rodar cosas que puedan parecer imposibles en la vida normal”.
“Dirigir una película no es más que una forma de explicar quién eres”.
“No se pueden criminalizar los sentimientos, da igual odio, amor o los que sean; hacerlo sería como criminalizar el pensamiento, que es la única parcela de libertad que le queda al ser humano”.

“El que se ofende o se indigna, es porque no habla, no discute y no debate; está encerrado en su casa y en sí mismo, por regla general detrás del televisor, o en la pantalla del ordenador, observando desde ahí el mundo, como si se tratara de una ficción concebida para él”.
Muchas más cosas podría decir con las que definir la galanura y el carácter de nuestro invitado. Nos consta que Alex es un auténtico icono en este complejo y a la vez intrincado mundo del cine. Una personalidad arrolladora, que va mucho más allá, de lo que puede ser uno de los mejores directores de la historia del cine español.  Por algo será, cuando lo dicen. La sociedad nunca regala nada, más bien siempre resta méritos, pero él ha roto en mil pedazos aquella máxima “de que uno nunca es profeta en su tierra”, Alex ha conseguido, no solo serlo en su tierra, sino en todas y cada una de las tierras donde ha dejado el aroma de su genialidad.






Gracias Alex por dedicarnos estas horas sabiendo que siempre estás  muy atareado. A partir de ahora, esta es tu casa. En el futuro resérvanos  una tarde como la de hoy para acompañar a los próximos invitados, tu presencia siempre resultará ilustrativa y gratificante.
Bienvenido y muchas gracias.
Por: Luis Yáñez.