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lunes, 29 de junio de 2026

Roberto Domínguez en la Jaula de Gatos

 

Roberto Domínguez en la Jaula de Gatos

Fernando Domínguez, el tío de Roberto, era un torero del primer tercio del siglo XX. Un gran torero muy admirado que tuvo una larga carrera y desde muy pequeño se lo llevaba a los tentaderos hasta que, finalmente y en un día muy especial, Roberto toreó pro primera vez en público en 1966, en Segovia, el mismo día que su tío se retiraba. En mayo del 87, en una grandísima corrida en su Valladolid natal, que fue televisada, hizo unas faenas espectaculares que convencieron a todo el país de que este era el gran torero de finales de los 80 y primero de los 90. De hecho, sinceramente, yo creo que asombraste por tu destreza, la pureza de la lidia y por su particular descabello. Descabellar un toro es un amor al toro, y un amor del toro al toreo. Avellán dijo de él que se le consideró en principio como un torero de arte, pero con los años y una mayor experiencia, Roberto Domínguez acabó siendo un torero de poder, exhibiendo un toreo lidiador.

Javier Gómez Bermúdez


"Cien mil toros mataría / para labrarte un camino de alegría”.

Por mi trayectoria he tenido que ver a muchos toros y a muchos toreros. He visto toreros legendarios como Dominguín, Antonio Ordóñez, el Cordobés, José María Manzanares, Julio Robles… He admirado a mucha gente pero no he soñado con ninguno porque como dice la letra de la sevillana “las caricias soñadas son las mejores y lo que yo no vi es lo que yo soñé”. Yo aprendí a torear de un torero, Fernando Domínguez, cuando no había vídeos, ni internet, cuando el boca a boca agrandaba las faenas de los toreros, cuando el aficionado soñaba viendo torear y diciendo lo que había visto. Yo aprendí a torear soñando de esa forma con aquellas fotografías de toreros pero nunca vi realmente a Gitanillo de Triana, a Victoriano de la Serra, a Cagancho…

Aquellos fotógrafos eran aficionados, sabían cuándo el lance iba a ser bueno o malo; aquellas fotografías han perdurado y se han agigantado con el tiempo y yo las prefiero a cualquiera de las de ahora.


Cuando me retiré tenía la seguridad de que yo no quería más de lo mismo, de que yo no tenía la afición suficiente y me acordé de una frase de mi padre cuando me dijo que lo mío no era valor ni arte sino amor propio. Aquello me hizo daño, pero con el tiempo lo he valorado porque el amor propio es lo que nos hace muchas veces conseguir lo que queremos.



Estoy tremendamente orgulloso porque el descabello ha quitado tantos triunfos y tantas orejas que para mí ha sido lo que me ha distinguido. Al Cordobés se le conoce por el salto de la rana, a Manolete por la manoletina. Yo he salido por la puerta grande en Madrid, Bilbao, Valencia o en Bogotá pero no fue solamente por el descabello. Sin embargo, sí que fue la distinción y motivo para que a mí me dieran orejas. Lo mío no era la suerte típica del matarife de acertar con la diana en el acervis del toro, lo mío era la preparación, una preparación de dominio con la particularidad de que no tenía auxilio lateral por si el toro se arrancaba. Yo lo hacía en el centro ruedo cuando eso no lo hacía nadie.



Yo creo que se ha perdido un poco la personalidad de aquellos toreros que se distinguían por un toreo distinto y un sello personal. Ahora se ha estandarizado mucho, precisamente por las escuelas, porque te empiezan a enseñar la técnica, y el dominio de esa técnica estandariza, iguala. Entonces no veo ese genio, salvo en contadas ocasiones. También ha influido mucho el toro, la flexibilidad, la entrega del toro de hoy día. Antes se cortaban las orejas con 10 o 12 muletazos. Un torero cortaba una oreja en Madrid y daba la vuelta a España, toreando en todas las ferias. Ahora no, ahora hay que estar todos los días y cuidando que no te enganchen...


Quiero hacer una reflexión personal sobre el momento actual de los toros. Yo he sido muy pesimista en todos estos años atrás, en los que se iban cerrando plazas, en los que se iban poniendo trabas al ejercicio de la profesión tanto en España, como en Colombia y otros lugares donde se están prohibiendo las corridas de toros. Me da mucha pena que vengan a España ecuatorianos, peruanos, colombianos, que no pueden seguir la fiesta allí y que lo hagan en España. Y temía también que aquí se llegara a quedar de modo testimonial en Sevilla, Madrid o Pamplona. Pero he visto que hay una avalancha increíble de juventud, motivada por muchas circunstancias, que son ellos incluso los que sacan a hombros a los toreros. Pagan su entrada, no cobran por sacar a hombros, se tiran al ruedo y son contestatarios a la prohibición. Y aquí no funcionan los extremos de la defensa o de la prohibición. Los extremismos son los que han tenido la culpa. La fiesta de toros arranca siendo la fiesta de los caballeros. El torero de a pie es el auxiliar. Y el auxiliar se lo roba a la nobleza y a los caballeros para llevarlo a las plazas. Y lo hace suyo. Y ya en el sol y en la sombra, las dos Españas, está la mayor democracia que se ve reflejada en la plaza de toros. El mundo del toro es el único que al público le trata como “el respetable”.



Para mí el toro actual es un toro mucho mejor que los toros anteriores. Lo que ha conseguido el ganadero con la flexibilidad, con la entrega, con la durabilidad de las faenas es abismalmente mayor con respecto a otras temporadas. Las ganaderías de ahora no son flojas, en mi época se solían echar varios toros para atrás por falta de fuerza; sin embargo ahora no pasa tanto. Vemos toros correosos, duros, toros muy serios. No no creo que la ganadería actual esté por debajo, ni mucho menos, sino por encima de las ganaderías anteriores. El toro tiene más peso y el toreo es muchísimo más perfecto que el toreo de todas las épocas anteriores; los novilleros tienen muchísima más técnica que muchos matadores de toros que han sido figuras del toreo en otras épocas anteriores. Lo que yo veo que falta ahora es la personalidad.




Yo con tres años ya me nublaba la vista mirando aquellas fotos de aquellos toreros legendarios. La vocación al toro es distinta en cada uno y las motivaciones también. En muchos casos, los toreros se hacían por salir del hambre y del ostracismo. El Cordobés le dijo a su madre o te visto de luto o te compro una casa. Y lo mismo le pasó a Juan Belmonte, toreros analfabetos que se codeaban con la intelectualidad aportando su filosofía de la vida. Y los literatos les escuchaban precisamente por ese bagaje artístico y cultural. En este sentido, me da mucha pena que un ministro de cultura quiera negar a Ignacio Sánchez Mejías la categoría de haber sido el mecenas de la generación del 27 que les reunió a todos en su finca Pino Montano, les dio dinero, escribió obras de teatro y poesías y que ahora se le quiera negar, por ser torero, un homenaje en su aniversario.




Ignacio Sánchez Mejías era tierno con las espigas y duro con las espuelas como le dedicó Lorca en su elegía. Cuando yo me retiro me voy al campo porque los toreros tenemos sensibilidad, nos gustan los animales y no somos maltratadores como dice el ministro de cultura. En el campo reconozco los colores, los sonidos y no tengo que fingir, me siento aislado conmigo mismo y me siento feliz. Empiezo a construir una casa con el orgullo de haber conseguido mis ahorros jugándome la vida. Cuanto estoy haciendo la casa, nace mi hija Victoria. Entonces, me acuerdo de una poesía que Ignacio Sánchez Mejías le dedicó a su hija y que la uso también dirigida a mi hija y la coloco en un azulejo a la puerta de mi casa:

"Cien mil toros mataría
para labrarte un camino de alegría.
Cien mil toros mataré
para que tú nunca sepas, lo que sé.
Que en la vida, Pirujita tan bonita,
se esconden por las esquinas todas las malas partidas de la vida
y sería suerte mala si no te entrego a tus pies
como esta muerte matada
tu tristeza atravesada por mi espada."




Yo nunca he pensado que voy a perder la vida cuando me estoy vistiendo de torero. Cuanto más entrenado está uno, más suerte tiene. La certeza de estar por encima de lo que salga es lo que te da ese cuartito de gloria. El valor de un torero es disimular el miedo.




Yo no quiero defender la fiesta de toros, creo que es modernidad absoluta. En esta sociedad mojigata donde, por ejemplo, en Nueva York hay un camión de bomberos rescatando un gatito de un árbol y, sin embargo, nadie ve a un hombre que está lleno de fentanilo muerto en la acera; en esta sociedad mojigata en la que hay alguien que está quitando las caquitas del perro y tiene a su madre o a su padre en el asilo porque no se las quiere quitar a ellos; el que no quiera ir a los toros que no vaya porque esto es una cosa de emoción y es posible que mucha gente no lo entienda, yo lo respeto pero tendremos que respetarnos todos.



Lista de asistentes:

Roberto Domínguez, Elena Sánchez, Cristina Carrillo, Carmen Calvo, Marisa Muñoz de Dios, Ana Vegas, Macarena Huelmos, Rebeca Molineyo, Dulce Bergantiños, Marga Crespo, María Mañas, Olga Andrino, Verónica Fernández de Cordova, Antonio de la Riva, Alfonso Martínez de Irujo, Eduardo Rodrigo, Chema Gredilla, Francesc Guardans, Miguel Muñoz -Calero jr., Juan Ramón Pascual, Jaime Porras, Javier Gómez Bermúdez, Iván Matamoros, Fernando Andreu, Juan Chaves, Miguel Bernáldez, Julio Rodríguez, Joaquín G. Bernaldo de Quiroz, Carlos Jardón, Luis Puente, Pedro Piqueras, Celso Arango, Santiago Pedraz, Nacho G. Rasina, Álvaro Montoya, Miguel Muñoz -Calero.

Coordinador: Miguel Muñoz-Calero.

Resumen de la tertulia y blog: Alejandro Dolz.

Fotografía y grabación: Tamara Muñoz-Calero e Iván Matamoros.

Tarjeta invitación: María José Sanz.


jueves, 14 de mayo de 2026

Rafael Yuste en la Jaula de Gatos

 

Rafael Yuste en la Jaula de Gatos

Mi interés es entender cómo funciona el cerebro haciéndome la misma pregunta que se hacía Cajal hace 100 años. Somos una red de neurobiólogos que nos extendemos por todo el mundo, sin patria porque trabajamos para la humanidad; y también una red que se extiende también por el tiempo, que trabajamos con los que ya se han muerto, leyendo lo que escribieron y escribiendo artículos para los que todavía no han nacido. Así es como funciona la ciencia porque pensamos que no hay nada más importante del mundo por tres razones.

Primero, porque el cerebro nos define como seres humanos, nuestros pensamientos, nuestras memorias, emociones, imaginación, personalidad, comportamiento a través de la actividad de alrededor de 86.000 millones de neuronas. Y de todo eso, de una manera maravillosa y misteriosa, surge la mente humana. Y esta es la gran pregunta de la neurociencia, cómo de la actividad neuronal sale el pensamiento, sale la mente humana. Los neurobiólogos nos preguntamos ¿qué es un ser humano?, ¿cuál es la esencia de la humanidad? ¿Qué es lo que nos hace humanos? Nosotros queremos entender el problema desde dentro y dar una respuesta objetiva, ¿qué significa cuando te enamoras?, ¿qué significa cuando tienes un pensamiento?, ¿qué significa cuando piensas algo? Y no solamente queremos conocer el cómo sino el por qué ocurre. Cuando entendamos cómo funciona el cerebro, vamos a poder conocernos a nosotros mismos por primera vez después de 750 millones de años de evolución.


Aparte de esta razón humanística, nos dedicamos a esto también por razones clínicas. Muchos de nosotros salimos de los hospitales y tenemos en mente el sufrimiento de los pacientes. Y no podemos hacer nada por ellos si no entendemos cómo funciona el sistema nervioso para entender una enfermedad. Para curarla, necesitas como médicos entender la fisiología para conocer mejor la fisiopatología.


     

Y luego hay otra razón de entender el sistema nervioso, que es más prosaica, que tiene que ver con el aprovechar desde el punto de vista de la tecnología, los trucos y la sabiduría que la naturaleza ha alcanzado en todos estos años de evolución. Esto enlaza directamente con el motor de la economía mundial actual, que son las compañías tecnológicas, la inteligencia artificial y las redes. Hay muchísimos ejemplos de algoritmos que utilizan los animales y los seres humanos que dejan a años luz lo que están haciendo actualmente los mejores algoritmos de inteligencia artificial o de las compañías tecnológicas. Eso es otra razón importantísima por la cual entender el cerebro nos puede ayudar a la tecnología mundial y a la economía mundial.


Hace 10 años logramos un experimento crítico. Conseguimos utilizar una tecnología que habíamos desarrollado nosotros con láseres holográficos para mapear la actitud del cerebro de un ratón y poder manipularla con precisión inaudita. Mapeamos la parte visual del cerebro del ratón, que es la parte que mejor se conoce del cerebro, y pudimos estimular las neuronas y hacerle creer que estaba viendo algo que no estaba viendo. Es como si hubiésemos generado una alucinación al ratón. Desde el punto de vista científico era un momento inolvidable porque lo que habíamos conseguido era descifrar el código cerebral y manipularlo, es como meterte dentro del edificio. Ahora, estando dentro, ya podemos empezar a manipular el ratón y hacerle tomar control de su percepción y de su comportamiento.



Desde un punto de vista médico fue un éxito también. La esquizofrenia es una de las grandes enfermedades que asola a la humanidad. Una de las características de la esquizofrenia son las alucinaciones, tanto auditivas como visuales. Si podemos generar alucinaciones en el cerebro del ratón podemos aprender a ver cómo funcionan y controlarlas inmediatamente.


Pero al mismo tiempo que era un éxito tener este método de control en los pacientes me llegó el momento Oppenheimer. El terror en un ratón es igual que en un humano. Si puedes hacer eso en un ratón, por regla de tres, se va a poder hacer en un humano. De la misma manera que se ha hecho en un ratón se va a poder utilizar para tomar control de la percepción sensorial de una persona. Manipular su comportamiento internamente. Se abre la caja de Pandora. A partir de entonces, hasta hoy, estoy involucrado, en un gran porcentaje de mi trabajo, en cuestiones de ética y de derecho. Con colegas expertos en ética, en derechos humanos, en relaciones internacionales, llevamos trabajando diez años en lo que llamamos neuroderechos, que es promover una legislación en todos los niveles para evitar los riesgos de una utilización indebida de la neurotecnología.



Hemos promovido lo que llamamos neuroderechos, que son cinco áreas de protección de la actividad cerebral. La primera es la protección de nuestra privacidad mental, para que el contenido de nuestra mente no pueda ser descifrado sin nuestro consentimiento. La segunda es la protección de nuestra identidad personal, para que nuestra personalidad, nuestra conciencia, nuestro yo, no pueda ser manipulada desde el exterior. El tercer neuroderecho es el derecho a un libre albedrío, a la capacidad de decisión independiente de la libertad, de la decisión de los seres humanos que no sea interferido desde el exterior. El cuarto neuroderecho, eso ya es más peligroso, es el derecho al acceso equitativo a la aumentación mental. Queremos asegurarnos que tengamos unas reglas de juego basadas en el principio universal de justicia que aseguren que esta neurotecnología aumentativa sea accesible de una manera equitatoria por toda la ciudadanía. Y el último neuroderecho tiene que ver con la información que la neurotecnología implanta dentro del cerebro. Esto provoca una situación de máximo riesgo porque cualquier información que metas dentro del cerebro tiene que estar totalmente limpia de cualquier sesgo o cualquier problema de discriminación porque va a ser interpretada mentalmente como algo interno, no como algo externo. A día de hoy hay nueve sitios en el mundo donde se ha aprobado legislación que protege la actividad cerebral.


Tenemos delante la posibilidad de entender por fin quiénes somos, con una tecnología que nos permite entrar en el cerebro, entender cómo funciona y también cambiarlo, manipularlo. Y eso, por un lado, nos da una potencia enorme a la hora de tratar, por ejemplo, enfermedades mentales o neurológicas, pero también nos exige una sociedad humana con la responsabilidad de utilizar esta tecnología para el bien común y no con objetivos que se desvíen de lo ético.



Todas las personas y todos los animales utilizan el cerebro todo el tiempo, incluso cuando estamos dormidos. El único momento en que dejas de utilizar el cerebro o parte del cerebro es cuando entras en coma o te mueres, pero incluso cuando estás durmiendo te escanean el cerebro y tienes todo el cerebro encendido. Esto es uno de los grandes misterios de la neurociencia. ¿Qué es lo que está haciendo el cerebro todo el tiempo que además consume un tercio de toda la energía del cuerpo?


La evolución ha diseñado una máquina que tenemos en la cabeza que nos gasta el 30% de todo lo que comemos y está siempre encendida. Tenemos una teoría, que la explico en el libro El teatro del mundo, donde se afirma que la función principal del cerebro es predecir el futuro porque si sabemos lo que va a ocurrir vamos a poder sobrevivir y reproducirnos mejor. Esta es una explicación de por qué está encendido el cerebro todo el tiempo, porque en realidad lo que estamos es continuamente generando una realidad virtual; es la realidad en la que creemos que vivimos.


Sobre el alzheimer, hubo un estudio bastante bueno en el Reino Unido donde demostraron que hay tres cosas que puedes hacer para reducir el riesgo un 30%: ejercicio físico, sociabilidad y dieta mediterránea. Sobre el parkinson, hay neurotecnología no óptica sino acústica que se está utilizando para disminuir los temblores de esta enfermedad. El sistema nervioso que tenemos tiene la parte central, que es el cerebro y la médula espinal, una parte periférica que se extiende por todo el cuerpo, por ganglios, nervios y luego una parte, lo llamamos entérica, que está dentro del sistema digestivo. Y podemos pensar que somos en realidad una cooperativa de tres socios, y que algunas veces van cada uno por su lado. Hay muchísima interacción e independencia entre estos tres grandes sistemas nerviosos, y seguro que esto tiene una importancia médica fundamental.


¿Qué es la mente? Todavía no lo sabemos muy bien pero la idea es que pensamos utilizando imágenes, palabras, emociones, interpretaciones y todo eso ya es accesible en cierta manera empleando la neurotecnología. Es por eso que es urgente proteger los datos neuronales porque los dispositivos más potentes todavía no han salido al mercado pero se están utilizando en la clínica. En unos años tendremos dispositivos para poder escribir a máquina o pedir un Uber mentalmente por ejemplo.



Comparando la actividad cerebral de unas generaciones con otras, podemos decir que no somos especialmente más listas que los que vinieron antes. Sí tenemos mejores técnicas, mejores métodos y eso nos hace ver más lejos pero no porque seamos más inteligentes. De hecho, la percepción en general es que la evolución de los humanos se estabiliza en el paleolítico. Se ha escaneado el cerebro de la gente que está siempre enchufada al móvil y tiene la parte del cerebro del pulgar, que es mucho más grande que lo que debieras. El cerebro es permanentemente plástico. Las nuevas generaciones utilizarán la misma capacidad cerebral que tenemos desde el paleolítico y en vez de dedicarlas a cazar mamuts o a leer un periódico como hacíamos antes con las manos, las utilizarán para cosas que no podemos ni imaginar. No habrá un incremento de inteligencia y simplemente una redistribución de la capacidad cerebral.

 

Quién decide qué tipo de ser humano queremos ser. Porque si tuviésemos la idea común de saber qué humano queremos, la solución sería fácil. Pero el problema es saber quién decide. En el grupo nuestro que promulgó los derechos humanos, éramos 25 personas y cuando hablamos de la aumentación mental, había 25 opiniones. Nosotros estamos proponiendo lo que llamamos un modelo médico, que es en un periodo intermedio, hasta que la humanidad decida qué es lo que quiere hacer. Estamos copiando, por ejemplo, las legislaciones que hay existentes sobre el trasplante y donación de órganos, que son las legislaciones médicas más estrictas en todo el mundo.

  

La decisión no puede depender de las personas, si son ricos o no, guapos o feos o si vive en ciertas partes del mundo. Debe depender de un modelo médico que lleva más de 2000 años con una deontología médica basada en el juramento hipocrático de los tres principios: beneficencia, hacer bien al paciente, justicia donde se trata a todos por igual y dignidad tratando a la persona como un ser humano. Estas simples reglas deontológicas llevan tanto marcha en medicina que entonces pueden ser utilizadas como una guardaje inicial al problema de la aumentación mental.



¿Dónde queda Dios en todo esto? Como científico no podemos hablar de cosas de las que no sabemos. Y Dios es una hipótesis que no necesitamos. Entonces, lo que yo creo que Dios es una palabra que no necesitamos. Es un concepto comodín que tenemos en nuestra cultura y en el lenguaje humano, y lo utilizamos para cubrir ciertos espacios de nuestra mente y agarrarnos a ello también, que nos da ilusión, nos da empuje para el futuro.


Lista de asistentes:

Rafael Yuste, Amaya Miñano, Concha Domínguez de Posadas, Carmen Posadas, Eva Ortega, Laura Esteban, María Zaplana, Marta Bordejé, Marta Robles, Stephanie Golob, Tamara Muñoz-Calero, Vanessa Monfort, Silvia Fernández, Antonio Escmez, Antonio Hernando, Antonio de la Riva, Carlos Martínez, Celso Arango, Jesús Aguado, Ernesto Fdez Bofill, Francesc Guardans, Gerardo Viada, Germán Gamazo, Iván Matamoros, Juan Chaves, Julio Rodríguez, Luis Álvarez Cervera, Luis Puente, Luis Reparaz, Miguel Bernáldez, Santiago Pedraz y Miguel Muñoz-Calero.

Coordinador: Miguel Muñoz-Calero.

Resumen de la tertulia y blog: Alejandro Dolz.

Fotografía y grabación: Tamara Muñoz-Calero e Iván Matamoros.

Tarjeta invitación: María José Sanz.