Roberto Domínguez en la Jaula de Gatos
Fernando Domínguez, el tío de Roberto, era un torero del primer tercio del siglo XX. Un gran torero muy admirado que tuvo una larga carrera y desde muy pequeño se lo llevaba a los tentaderos hasta que, finalmente y en un día muy especial, Roberto toreó pro primera vez en público en 1966, en Segovia, el mismo día que su tío se retiraba. En mayo del 87, en una grandísima corrida en su Valladolid natal, que fue televisada, hizo unas faenas espectaculares que convencieron a todo el país de que este era el gran torero de finales de los 80 y primero de los 90. De hecho, sinceramente, yo creo que asombraste por tu destreza, la pureza de la lidia y por su particular descabello. Descabellar un toro es un amor al toro, y un amor del toro al toreo. Avellán dijo de él que se le consideró en principio como un torero de arte, pero con los años y una mayor experiencia, Roberto Domínguez acabó siendo un torero de poder, exhibiendo un toreo lidiador.
Javier Gómez Bermúdez
"Cien
mil toros mataría / para
labrarte un camino de alegría”.
Por mi trayectoria he tenido que ver a muchos toros y a muchos toreros. He visto toreros legendarios como Dominguín, Antonio Ordóñez, el Cordobés, José María Manzanares, Julio Robles… He admirado a mucha gente pero no he soñado con ninguno porque como dice la letra de la sevillana “las caricias soñadas son las mejores y lo que yo no vi es lo que yo soñé”. Yo aprendí a torear de un torero, Fernando Domínguez, cuando no había vídeos, ni internet, cuando el boca a boca agrandaba las faenas de los toreros, cuando el aficionado soñaba viendo torear y diciendo lo que había visto. Yo aprendí a torear soñando de esa forma con aquellas fotografías de toreros pero nunca vi realmente a Gitanillo de Triana, a Victoriano de la Serra, a Cagancho…
Aquellos fotógrafos eran aficionados, sabían cuándo el lance iba a ser bueno o malo; aquellas fotografías han perdurado y se han agigantado con el tiempo y yo las prefiero a cualquiera de las de ahora.
Cuando me retiré tenía la seguridad de que yo no quería más de lo mismo, de que yo no tenía la afición suficiente y me acordé de una frase de mi padre cuando me dijo que lo mío no era valor ni arte sino amor propio. Aquello me hizo daño, pero con el tiempo lo he valorado porque el amor propio es lo que nos hace muchas veces conseguir lo que queremos.
Estoy tremendamente orgulloso porque el descabello ha quitado tantos triunfos y tantas orejas que para mí ha sido lo que me ha distinguido. Al Cordobés se le conoce por el salto de la rana, a Manolete por la manoletina. Yo he salido por la puerta grande en Madrid, Bilbao, Valencia o en Bogotá pero no fue solamente por el descabello. Sin embargo, sí que fue la distinción y motivo para que a mí me dieran orejas. Lo mío no era la suerte típica del matarife de acertar con la diana en el acervis del toro, lo mío era la preparación, una preparación de dominio con la particularidad de que no tenía auxilio lateral por si el toro se arrancaba. Yo lo hacía en el centro ruedo cuando eso no lo hacía nadie.
Yo creo que se ha perdido un poco la personalidad de aquellos toreros que se distinguían por un toreo distinto y un sello personal. Ahora se ha estandarizado mucho, precisamente por las escuelas, porque te empiezan a enseñar la técnica, y el dominio de esa técnica estandariza, iguala. Entonces no veo ese genio, salvo en contadas ocasiones. También ha influido mucho el toro, la flexibilidad, la entrega del toro de hoy día. Antes se cortaban las orejas con 10 o 12 muletazos. Un torero cortaba una oreja en Madrid y daba la vuelta a España, toreando en todas las ferias. Ahora no, ahora hay que estar todos los días y cuidando que no te enganchen...
Quiero hacer una reflexión personal sobre el momento actual de los toros. Yo he sido muy pesimista en todos estos años atrás, en los que se iban cerrando plazas, en los que se iban poniendo trabas al ejercicio de la profesión tanto en España, como en Colombia y otros lugares donde se están prohibiendo las corridas de toros. Me da mucha pena que vengan a España ecuatorianos, peruanos, colombianos, que no pueden seguir la fiesta allí y que lo hagan en España. Y temía también que aquí se llegara a quedar de modo testimonial en Sevilla, Madrid o Pamplona. Pero he visto que hay una avalancha increíble de juventud, motivada por muchas circunstancias, que son ellos incluso los que sacan a hombros a los toreros. Pagan su entrada, no cobran por sacar a hombros, se tiran al ruedo y son contestatarios a la prohibición. Y aquí no funcionan los extremos de la defensa o de la prohibición. Los extremismos son los que han tenido la culpa. La fiesta de toros arranca siendo la fiesta de los caballeros. El torero de a pie es el auxiliar. Y el auxiliar se lo roba a la nobleza y a los caballeros para llevarlo a las plazas. Y lo hace suyo. Y ya en el sol y en la sombra, las dos Españas, está la mayor democracia que se ve reflejada en la plaza de toros. El mundo del toro es el único que al público le trata como “el respetable”.
Para mí el toro actual es un toro mucho mejor que los toros anteriores. Lo que ha conseguido el ganadero con la flexibilidad, con la entrega, con la durabilidad de las faenas es abismalmente mayor con respecto a otras temporadas. Las ganaderías de ahora no son flojas, en mi época se solían echar varios toros para atrás por falta de fuerza; sin embargo ahora no pasa tanto. Vemos toros correosos, duros, toros muy serios. No no creo que la ganadería actual esté por debajo, ni mucho menos, sino por encima de las ganaderías anteriores. El toro tiene más peso y el toreo es muchísimo más perfecto que el toreo de todas las épocas anteriores; los novilleros tienen muchísima más técnica que muchos matadores de toros que han sido figuras del toreo en otras épocas anteriores. Lo que yo veo que falta ahora es la personalidad.
Yo con tres años ya me nublaba la vista mirando aquellas fotos de aquellos toreros legendarios. La vocación al toro es distinta en cada uno y las motivaciones también. En muchos casos, los toreros se hacían por salir del hambre y del ostracismo. El Cordobés le dijo a su madre o te visto de luto o te compro una casa. Y lo mismo le pasó a Juan Belmonte, toreros analfabetos que se codeaban con la intelectualidad aportando su filosofía de la vida. Y los literatos les escuchaban precisamente por ese bagaje artístico y cultural. En este sentido, me da mucha pena que un ministro de cultura quiera negar a Ignacio Sánchez Mejías la categoría de haber sido el mecenas de la generación del 27 que les reunió a todos en su finca Pino Montano, les dio dinero, escribió obras de teatro y poesías y que ahora se le quiera negar, por ser torero, un homenaje en su aniversario.
Ignacio Sánchez Mejías era tierno con las espigas y duro con las espuelas como le dedicó Lorca en su elegía. Cuando yo me retiro me voy al campo porque los toreros tenemos sensibilidad, nos gustan los animales y no somos maltratadores como dice el ministro de cultura. En el campo reconozco los colores, los sonidos y no tengo que fingir, me siento aislado conmigo mismo y me siento feliz. Empiezo a construir una casa con el orgullo de haber conseguido mis ahorros jugándome la vida. Cuanto estoy haciendo la casa, nace mi hija Victoria. Entonces, me acuerdo de una poesía que Ignacio Sánchez Mejías le dedicó a su hija y que la uso también dirigida a mi hija y la coloco en un azulejo a la puerta de mi casa:
"Cien
mil toros mataría
para
labrarte un camino de alegría.
Cien
mil toros mataré
para
que tú nunca sepas, lo que sé.
Que
en la vida, Pirujita tan bonita,
se
esconden por las esquinas todas las malas partidas de
la vida
y sería suerte mala si no te entrego a tus pies
como
esta muerte matada
tu tristeza atravesada por mi espada."
Yo nunca he pensado que voy a perder la vida cuando me estoy vistiendo de torero. Cuanto más entrenado está uno, más suerte tiene. La certeza de estar por encima de lo que salga es lo que te da ese cuartito de gloria. El valor de un torero es disimular el miedo.
Yo no quiero defender la fiesta de toros, creo que es modernidad absoluta. En esta sociedad mojigata donde, por ejemplo, en Nueva York hay un camión de bomberos rescatando un gatito de un árbol y, sin embargo, nadie ve a un hombre que está lleno de fentanilo muerto en la acera; en esta sociedad mojigata en la que hay alguien que está quitando las caquitas del perro y tiene a su madre o a su padre en el asilo porque no se las quiere quitar a ellos; el que no quiera ir a los toros que no vaya porque esto es una cosa de emoción y es posible que mucha gente no lo entienda, yo lo respeto pero tendremos que respetarnos todos.
Lista de asistentes:
Roberto Domínguez, Elena Sánchez, Cristina Carrillo, Carmen Calvo, Marisa Muñoz de Dios, Ana Vegas, Macarena Huelmos, Rebeca Molineyo, Dulce Bergantiños, Marga Crespo, María Mañas, Olga Andrino, Verónica Fernández de Cordova, Antonio de la Riva, Alfonso Martínez de Irujo, Eduardo Rodrigo, Chema Gredilla, Francesc Guardans, Miguel Muñoz -Calero jr., Juan Ramón Pascual, Jaime Porras, Javier Gómez Bermúdez, Iván Matamoros, Fernando Andreu, Juan Chaves, Miguel Bernáldez, Julio Rodríguez, Joaquín G. Bernaldo de Quiroz, Carlos Jardón, Luis Puente, Pedro Piqueras, Celso Arango, Santiago Pedraz, Nacho G. Rasina, Álvaro Montoya, Miguel Muñoz -Calero.
Coordinador: Miguel Muñoz-Calero.
Resumen de la tertulia y blog: Alejandro Dolz.
Fotografía y grabación: Tamara Muñoz-Calero e Iván Matamoros.
Tarjeta invitación: María José Sanz.

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