Rafael Yuste en la Jaula de Gatos
Mi interés es entender cómo funciona el cerebro haciéndome la misma pregunta que se hacía Cajal hace 100 años. Somos una red de neurobiólogos que nos extendemos por todo el mundo, sin patria porque trabajamos para la humanidad; y también una red que se extiende también por el tiempo, que trabajamos con los que ya se han muerto, leyendo lo que escribieron y escribiendo artículos para los que todavía no han nacido. Así es como funciona la ciencia porque pensamos que no hay nada más importante del mundo por tres razones.
Primero, porque el cerebro nos define como seres humanos, nuestros pensamientos, nuestras memorias, emociones, imaginación, personalidad, comportamiento a través de la actividad de alrededor de 86.000 millones de neuronas. Y de todo eso, de una manera maravillosa y misteriosa, surge la mente humana. Y esta es la gran pregunta de la neurociencia, cómo de la actividad neuronal sale el pensamiento, sale la mente humana. Los neurobiólogos nos preguntamos ¿qué es un ser humano?, ¿cuál es la esencia de la humanidad? ¿Qué es lo que nos hace humanos? Nosotros queremos entender el problema desde dentro y dar una respuesta objetiva, ¿qué significa cuando te enamoras?, ¿qué significa cuando tienes un pensamiento?, ¿qué significa cuando piensas algo? Y no solamente queremos conocer el cómo sino el por qué ocurre. Cuando entendamos cómo funciona el cerebro, vamos a poder conocernos a nosotros mismos por primera vez después de 750 millones de años de evolución.
Hace 10 años logramos un experimento crítico. Conseguimos utilizar una tecnología que habíamos desarrollado nosotros con láseres holográficos para mapear la actitud del cerebro de un ratón y poder manipularla con precisión inaudita. Mapeamos la parte visual del cerebro del ratón, que es la parte que mejor se conoce del cerebro, y pudimos estimular las neuronas y hacerle creer que estaba viendo algo que no estaba viendo. Es como si hubiésemos generado una alucinación al ratón. Desde el punto de vista científico era un momento inolvidable porque lo que habíamos conseguido era descifrar el código cerebral y manipularlo, es como meterte dentro del edificio. Ahora, estando dentro, ya podemos empezar a manipular el ratón y hacerle tomar control de su percepción y de su comportamiento.
Desde un punto de vista médico fue un éxito también. La esquizofrenia es una de las grandes enfermedades que asola a la humanidad. Una de las características de la esquizofrenia son las alucinaciones, tanto auditivas como visuales. Si podemos generar alucinaciones en el cerebro del ratón podemos aprender a ver cómo funcionan y controlarlas inmediatamente.
Hemos promovido lo que llamamos neuroderechos, que son cinco áreas de protección de la actividad cerebral. La primera es la protección de nuestra privacidad mental, para que el contenido de nuestra mente no pueda ser descifrado sin nuestro consentimiento. La segunda es la protección de nuestra identidad personal, para que nuestra personalidad, nuestra conciencia, nuestro yo, no pueda ser manipulada desde el exterior. El tercer neuroderecho es el derecho a un libre albedrío, a la capacidad de decisión independiente de la libertad, de la decisión de los seres humanos que no sea interferido desde el exterior. El cuarto neuroderecho, eso ya es más peligroso, es el derecho al acceso equitativo a la aumentación mental. Queremos asegurarnos que tengamos unas reglas de juego basadas en el principio universal de justicia que aseguren que esta neurotecnología aumentativa sea accesible de una manera equitatoria por toda la ciudadanía. Y el último neuroderecho tiene que ver con la información que la neurotecnología implanta dentro del cerebro. Esto provoca una situación de máximo riesgo porque cualquier información que metas dentro del cerebro tiene que estar totalmente limpia de cualquier sesgo o cualquier problema de discriminación porque va a ser interpretada mentalmente como algo interno, no como algo externo. A día de hoy hay nueve sitios en el mundo donde se ha aprobado legislación que protege la actividad cerebral.
Tenemos delante la posibilidad de entender por fin quiénes somos, con una tecnología que nos permite entrar en el cerebro, entender cómo funciona y también cambiarlo, manipularlo. Y eso, por un lado, nos da una potencia enorme a la hora de tratar, por ejemplo, enfermedades mentales o neurológicas, pero también nos exige una sociedad humana con la responsabilidad de utilizar esta tecnología para el bien común y no con objetivos que se desvíen de lo ético.
Todas las personas y todos los animales utilizan el cerebro todo el tiempo, incluso cuando estamos dormidos. El único momento en que dejas de utilizar el cerebro o parte del cerebro es cuando entras en coma o te mueres, pero incluso cuando estás durmiendo te escanean el cerebro y tienes todo el cerebro encendido. Esto es uno de los grandes misterios de la neurociencia. ¿Qué es lo que está haciendo el cerebro todo el tiempo que además consume un tercio de toda la energía del cuerpo?
La evolución ha diseñado una máquina que tenemos en la cabeza que nos gasta el 30% de todo lo que comemos y está siempre encendida. Tenemos una teoría, que la explico en el libro El teatro del mundo, donde se afirma que la función principal del cerebro es predecir el futuro porque si sabemos lo que va a ocurrir vamos a poder sobrevivir y reproducirnos mejor. Esta es una explicación de por qué está encendido el cerebro todo el tiempo, porque en realidad lo que estamos es continuamente generando una realidad virtual; es la realidad en la que creemos que vivimos.
¿Qué es la mente? Todavía no lo sabemos muy bien pero la idea es que pensamos utilizando imágenes, palabras, emociones, interpretaciones y todo eso ya es accesible en cierta manera empleando la neurotecnología. Es por eso que es urgente proteger los datos neuronales porque los dispositivos más potentes todavía no han salido al mercado pero se están utilizando en la clínica. En unos años tendremos dispositivos para poder escribir a máquina o pedir un Uber mentalmente por ejemplo.
Comparando la actividad cerebral de unas generaciones con otras, podemos decir que no somos especialmente más listas que los que vinieron antes. Sí tenemos mejores técnicas, mejores métodos y eso nos hace ver más lejos pero no porque seamos más inteligentes. De hecho, la percepción en general es que la evolución de los humanos se estabiliza en el paleolítico. Se ha escaneado el cerebro de la gente que está siempre enchufada al móvil y tiene la parte del cerebro del pulgar, que es mucho más grande que lo que debieras. El cerebro es permanentemente plástico. Las nuevas generaciones utilizarán la misma capacidad cerebral que tenemos desde el paleolítico y en vez de dedicarlas a cazar mamuts o a leer un periódico como hacíamos antes con las manos, las utilizarán para cosas que no podemos ni imaginar. No habrá un incremento de inteligencia y simplemente una redistribución de la capacidad cerebral.
Quién decide qué tipo de ser humano queremos ser. Porque si tuviésemos la idea común de saber qué humano queremos, la solución sería fácil. Pero el problema es saber quién decide. En el grupo nuestro que promulgó los derechos humanos, éramos 25 personas y cuando hablamos de la aumentación mental, había 25 opiniones. Nosotros estamos proponiendo lo que llamamos un modelo médico, que es en un periodo intermedio, hasta que la humanidad decida qué es lo que quiere hacer. Estamos copiando, por ejemplo, las legislaciones que hay existentes sobre el trasplante y donación de órganos, que son las legislaciones médicas más estrictas en todo el mundo.
La decisión no puede depender de las personas, si son ricos o no, guapos o feos o si vive en ciertas partes del mundo. Debe depender de un modelo médico que lleva más de 2000 años con una deontología médica basada en el juramento hipocrático de los tres principios: beneficencia, hacer bien al paciente, justicia donde se trata a todos por igual y dignidad tratando a la persona como un ser humano. Estas simples reglas deontológicas llevan tanto marcha en medicina que entonces pueden ser utilizadas como una guardaje inicial al problema de la aumentación mental.
¿Dónde queda Dios en todo esto? Como científico no podemos hablar de cosas de las que no sabemos. Y Dios es una hipótesis que no necesitamos. Entonces, lo que yo creo que Dios es una palabra que no necesitamos. Es un concepto comodín que tenemos en nuestra cultura y en el lenguaje humano, y lo utilizamos para cubrir ciertos espacios de nuestra mente y agarrarnos a ello también, que nos da ilusión, nos da empuje para el futuro.
Lista de asistentes:
Rafael Yuste, Amaya Miñano, Concha Domínguez de Posadas, Carmen Posadas, Eva Ortega, Laura Esteban, María Zaplana, Marta Bordejé, Marta Robles, Stephanie Golob, Tamara Muñoz-Calero, Vanessa Monfort, Silvia Fernández, Antonio Escmez, Antonio Hernando, Antonio de la Riva, Carlos Martínez, Celso Arango, Jesús Aguado, Ernesto Fdez Bofill, Francesc Guardans, Gerardo Viada, Germán Gamazo, Iván Matamoros, Juan Chaves, Julio Rodríguez, Luis Álvarez Cervera, Luis Puente, Luis Reparaz, Miguel Bernáldez, Santiago Pedraz y Miguel Muñoz-Calero.
Coordinador: Miguel Muñoz-Calero.
Resumen de la tertulia y blog: Alejandro Dolz.
Fotografía y grabación: Tamara Muñoz-Calero e Iván Matamoros.
Tarjeta invitación: María José Sanz.


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